miércoles, 15 de agosto de 2012

Motivos para estudiar la maestria.


A lo largo de mi carrera como maestra de educación preescolar, he descubierto un gran interés por trabajar con los niños pequeños la lectura y la escritura. Por otro lado, he encontrado que existe un fuerte debate dentro de los educadores de este nivel, ya que hay quienes consideran que se debe enseñar lecto-escritura a los pequeños desde un nivel preescolar y quienes lo consideran infructuoso. Algunas escuelas incluso, han optado por no hacer nada al respecto considerando a los niños muy pequeños e incapaces de lograr un real aprendizaje en esta área. Otras,  han decidido enfocarse a actividades en donde los niños tienen que llenar planas, logrando en algunas casos únicamente la memorización de grafías trabajando, desde mi punto de vista, más en el área de motricidad en lugar de lo que implica la escritura de forma integral.
Al respecto pienso que formar niños lectores y escritores es un proceso mucho más rico y a la vez complejo que definitivamente debe comenzar en su edad temprana. Implica, más que un ejercicio de memorización, un ejercicio cotidiano en donde los niños pueden descubrir el placer por la lectura y escritura en sí, encontrando a su vez su utilidad dentro de la vida cotidiana.
La actual situación política, social, económica y cultural de México se encuentra en un momento de crisis y esto está directamente ligado a que existe un elevadísimo nivel de analfabetismo. Las estadísticas nos dicen que el porcentaje de lectores es muy bajo, lo que me parece es urgente atender. Los encargadas de la docencia, tenemos una gran responsabilidad con el país y qué mejor que empezar a inferir desde el nivel preescolar.
Con esto no me refiero únicamente a enseñar a los niños a leer y a escribir bajo la obligación de su actividad académica. Mi ideal es formar personas que disfruten de la lectura y la escritura y encuentren que las pueden vivir como actividades placenteras que además, pueden ser formativas. Quiero darles las herramientas necesarias para que estas actividades les genere interés por investigar, jugar, imaginar, crear y así estaríamos desarrollando no sólo el área de lectoescritura sino la creativa, social y personal. 

“Lo que propongo es muy sencillo: nada más que pensar
en lo que hacemos” (Arendt en Barcena, 2005, p. 143).
 María Cortés Toussaint.

Un poco de mi vida.

UN POCO DE MI VIDA


Nací el 29 de septiembre del año 1982. Mis papás: Alberto y Cecilia. Una pareja joven, ambos desarrollándose dentro de las artes. El como cineasta y ella como cantante y actriz. Fui recibida con mucho amor y dedicación.



Mi papá ya tenía otro hijo, Emilio. Es un ser a quien quiero mucho y que ha dejado, sin duda, una huella en mi vida.
 Durante mis primeros dos años, viví en una vieja casa en Tizapán, San Ángel,  rodeada de mi pequeña familia. Disfrutaba mucho jugar con mis padres y con mi primo a quien sentía muy cercano, pues éramos casi de la misma edad.
Cuando tenía dos años de edad, mis padres decidieron separarse. Mi madre y yo nos fuimos a una pequeña casita en donde continué creciendo muy feliz bajo su cariño inmenso e incondicional y sin perder el contacto con mi padre.
Pasaba la mayor parte del tiempo acompañando a mi mamá a su trabajo, incluso a sus conciertos. Varias imágenes me recuerdan cómo me gustaba abrazar su pierna mientras ella cantaba y cuando me daba mucho sueño me dormía a su lado, en el escenario.
Algunas veces, mi abuela materna me cuidaba. En aquél entonces, aún trabajaba como profesora de inglés en diversas escuelas. Me gustaba mucho jugar con ella y sobre todo, acompañarla a sus clases.
Cuando cumplí cinco años, mi madre y yo nos fuimos a vivir a una casa muy linda en Jiutepec, Morelos. Recuerdo jugar y correr por el jardín, juntar luciérnagas por la noche y hacer barquitos de papel que ponía en un apantle. Al principio asistí a una pequeña escuela rural, pero después de un tiempo, mi madre se dio cuenta de que por su trabajo, pasábamos más tiempo en la ciudad, por lo que prefirió inscribirme a una escuela en la Ciudad de México. Fue así como llegué a la Escuela Manuel Bartolomé Cossío. Ahí terminé el último año de preescolar y recorrí los seis grados de primaria.
En el año de 1994 mi mamá se casó con Alfonso, a quien quiero inmensamente.
Al salir de la primaria, entré al Colegió Madrid en donde cursé secundaria y bachillerato y en donde aprendí a desarrollarme como un ser humano cada vez más independiente, crítico y creativo, fui construyendo cada vez, con más cuidado, el camino que andaría. Un evento que sin duda cambió mi vida, fue el nacimiento de mi hermano Julián, en Junio de 1996. Lo quiero muchísimo y siento que mi vida sin su sonrisa y sin su inmensa alegría, no sería la misma. Tener la suerte de ver crecer a un ser que comparte tu misma sangre es toda una aventura que disfruto con mucho placer cada día.
A mis 15 años decidí formar, junto Alejandra y Sofía, un grupo de animadoras de fiestas infantiles “Mosckitas”. Hacíamos diferentes tipos de obras utilizando principalmente teatro guiñol, acompañadas de coreografías con música de las películas de Disney y algunos temas infantiles de diferentes autores. Durante un tiempo, trabajamos al lado de mi mamá, en su espectáculo infantil, e hicimos varias presentaciones en el interior de la República.


Durante el tiempo que trabajaba con este grupo, decidí que quería estudiar danza de forma profesional. Me di a la tarea de buscar una escuela y fue entonces cuando llegué a la escuela de danza del Centro Nacional de las Artes a la que entré en el año 2001, mismo en que viví otra gran alegría al saber que llegaría un nuevo ser: Bruno, mi pequeño hermano al que quiero mucho y admiro su gran independencia a su corta edad.
Al año siguiente y un poco decepcionada de la danza, busqué un refugio fuera de la Ciudad de México. Trabajé en Pipiol, un campamento en Valle de Bravo. Permanecí aquí ocho años. Fueron unos años maravillosos. Al inicio como guía, después como encargada del taller de manualidades y más tarde empecé a coordinar diferentes programas dentro del campamento. Sin duda, lo que más me gustó, además de conocer a Ricardo, el hombre al que amo y quien es ahora mi prometido, fue el programa llamado Mini-Kids, un campamento especializado en niños de 4 a 6 años que pasan fuera de su casa 6 días, para vivir experiencias en el río, el lago, la montaña, llevando a cabo fogatas, juegos nocturnos, bailes y diversas actividades.

 el 2003 decidí irme a vivir a Madrid, España. Al llegar, me inscribí en una escuela de comedia musical. En el 2004 ingresé al Real Conservatorio Profesional de Danza a la Licenciatura de Bailarín en danza contemporánea.
Ahí permanecí tres años, en los cuales, tuve infinidad de experiencias que me hicieron crecer como persona. Viajé a lugares hermosos, caminé por horas y horas.

Unos meses antes de decidir regresar a mi país, trabajé en una guardería “El Alboroto” organizando fiestas infantiles. Recordé entonces, que desde pequeña, yo siempre decía que quería ser maestra.
Así decidí volver a mi país y buscar trabajo como docente y fue como entré al colegio Kuruwi. Estoy feliz en mi trabajo ya que es una institución con una filosofía de vida que comparto plenamente, en donde veo a los niños felices y realmente deseosos de aprender y crecer.
Sabía que debía prepararme para ser educadora por lo que entre a la Escuela Bertha Von Glümer de la cual salí salir como Licenciada en Educación Preescolar y en donde he adquirido infinidad de aprendizajes y experiencias que cambiaron mi forma de ver la educación en México.


En mi vida personal me siento feliz. Muy contenta de tener una familia hermosa que me apoya y me da la fuerza para realizar todos mis sueños. Mis amigos y amigas que me han acompañado a lo largo de este camino y aunque algunos están lejos físicamente los llevo a todos en mi corazón. Mucha felicidad me da también la llegada de mi primer sobrino, Luken, de tan dos años de edad. Siento un amor muy especial que nunca había experimentado y que es inmenso. 

El año pasado, el 19 de noviembre, me case con un ser lleno de luz. Me siento muy feliz y afortunada de tener a mi lado a Ricardo. Ahora tengo la fortaleza que me da el  contar con un esposo maravilloso que me entiende, me apoya y me impulsa a ser una mejor persona.

Tengo muchos proyectos a futuro, tanto en lo personal como en lo académico, pero definitivamente estar en la maestría de Lectoescritura me acerca más a ser la maestra que quiero ser. Siempre comprometida con mi formación como docente y con mi país como ciudadana.
María.